El atole de garambullo: memoria y resistencia en San Luis de la Paz
- Mujeres buscadoras
- Jan 11
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Updated: Jan 14
En la cocina de su suegra, Gisela Piñón mezcla masa de maíz criollo con agua. La masa viene del nixtamal que ella llevó al molino tradicional cerca de la casa. En la olla, el líquido espesa lentamente y toma un color morado intenso.
“Este es el atole de garambullo, con el que quiero que mis hijos crezcan, como crecí yo”, dice mientras revuelve con una cuchara grande de madera.
Gisela es docente, madre y miembro del colectivo Buscadoras Guanajuato. En 2020, su hermano Giovanni desapareció en San Felipe y fue encontrado un año después en una fosa clandestina. Ella forma parte de un grupo de mujeres que recorren calles y dependencias en busca de personas desaparecidas. Entre jornadas en campo, diligencias y trámites, descubrió que también era necesario cuidar el cuerpo, el propio y el de los suyos.
“Nos dimos cuenta de la importancia de recuperar nuestras tradiciones culinarias…Muchas compañeras tienen problemas de salud: presión alta, diabetes. La búsqueda nos consume y hemos dejado de cocinar como antes, con productos naturales de la región”, describe mientras su hija le ayuda a preparar el atole.
El garambullo, una cactácea endémica del semidesierto guanajuatense, fue parte de su infancia, además de que contiene antioxidantes, vitaminas y fibra, es uno de los ingredientes tradicionales de la zona.
“De niñas íbamos al cerro a recolectarlos. Mi mamá hacía agua o atole, y eso nos daba fuerza para el día. Al volver a prepararlo, recordamos esos momentos, pero también recuperamos una alimentación más saludable, que hemos ido perdiendo”.
En donde siete de cada diez adultos viven con sobrepeso u obesidad, retomar recetas tradicionales no es solo una elección, muestra de nostalgia. Sino una forma de resistencia y una necesidad urgente de salud pública. La Secretaría de Salud estatal ha advertido que la dieta basada en productos ultraprocesados ha desplazado los alimentos naturales, lo que ha contribuido al aumento de enfermedades crónicas y metabólicas.
De acuerdo con la organización I(dh)eas Litigio Estratégico en Derechos Humanos, un estudio realizado en 2022 entre familiares de personas desaparecidas, en su mayoría mujeres, reveló que más del 70 por ciento manifestó un deterioro en su salud física y emocional, después de iniciar la búsqueda.
Los efectos del duelo suspendido, el cansancio y la falta de atención médica han dejado secuelas profundas, no sólo en las buscadoras, sino en las comunidades que las rodean. En medio de ese contexto, las buscadoras de Guanajuato cocinan, siembran y registran su historia.
El atole que prepara Gisela tiene cuatro ingredientes: masa de maíz criollo, agua, garambullo y azúcar mascabada, en ocasiones piloncillo. Sin conservadores ni saborizantes.
“Queremos mostrar que es posible alimentarnos con lo que tenemos cerca, con lo que crece aquí. No necesitamos productos procesados que enferman y cuestan más”, dice.
Para las mujeres del colectivo, la cocina se ha vuelto una extensión de su trabajo de búsqueda: una forma de sostenerse entre ellas. Comparten las recetas durante las reuniones, en las que también planean las próximas salidas.
“Es parte de nuestra red de cuidado…Queremos transmitir estos conocimientos a nuestras hijas e hijos, para evitar que se pierdan. Así como buscamos a los nuestros, también buscamos recuperar nuestra identidad”.
El atole hierve y su color se vuelve más intenso. Gisela apaga el fuego y sirve una taza. Habla de su hermano con serenidad: “Encontrarlo fue doloroso, pero también nos dio certeza. Desde entonces sigo acompañando a otras mujeres. Cada una busca a alguien, pero todas buscamos justicia y un poco de paz”.
En San Luis de la Paz y en el resto de los municipios del estado, las integrantes del colectivo Buscadoras Guanajuato resisten frente al cansancio, la ausencia y los trámites interminables. Y lo hacen también a través de pequeños actos: prender el fogón, moler el maíz, compartir una bebida caliente.
“La alimentación es crucial —dice Gisela—, nos da fuerza para seguir. Si no cuidamos el cuerpo, no podemos seguir buscando”.
El atole de garambullo representa para las buscadoras, algo más que una bebida. Es una forma de autoafirmarse sostener la búsqueda desde la raíz.

Texto escrito por Alfonsina Ávila. Fotografías de Mario Armas.


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